Hace más o menos un año, no recuerdo en dónde (una de las tristezas de la www es su vocación para el olvido), leí que estaba próximo a editarse un nuevo libro de poemas de Bob Dylan, de quien decir que es un gran músico y poeta, además de redundar es caer en un lugar común que nunca terminará de abarcar su genio creativo.

En aquella ocasión, si mal no recuerdo, visité con curiosidad su preciosa página web, vi sus dibujos y pensé “sería chévere tener la oportunidad de traducir los textos de Bob”, no soy muy bueno con el inglés, pero todo tiene un comienzo. Y pensé que el libro habría salido a los pocos meses, y que pronto se editaría en español por alguna gran editorial, y pendejadas de esas que uno sueña cuando es de los que les gusta la música de Bob Dylan.

La edición digital de la revista Arcadia de este mes, anuncia con bombos y platillos la novedad del lanzamiento del libro el próximo 4 de noviembre y, curiosamente, a medida que avancé en la lectura de la revista, tuve la sospecha de un déjà vu, demasiado literal. Cito un fragmento de Arcadia, con una anécdota lo bastante bella como para que uno se pregunte ¿dónde habré visto esto antes?:

El libro de 160 páginas sale a la venta el 4 de noviembre, según anuncia la editorial Simon&Schuster, que ya ha publicado las tres obras anteriores de Dylan, incluido el primer volumen de su autobiografía. “En cuanto vimos los poemas, tuvimos claro que eran de Bob —dice el editor David Rosenthal— Son típicamente suyos: líricos, graciosos y singulares”. El fotógrafo Barry Feinstein ha trabajado para las revistas Life, Look, Time y Newsweek, entre otras, pero a comienzos de los años sesenta acababa de llegar a California y era un simple “cargaladrillos” en la poderosa productora Columbia Pictures. A sus veintipocos años, Feinstein decidió hacer un reportaje crítico de la Ciudad del Oropel. “Como vivía en Hollywood y trabajaba en una productora de cine, pensé que sería interesante preparar un documento periodístico con una serie de fotos poco favorables —dice Feinstein—. Son, por así decirlo, el lado oscuro del glamour”. Al recordarlo, explica que pasó semanas metiéndose a hurtadillas en los rodajes, platós y camerinos, y al salir del estudio se paseaba con la cámara por toda la ciudad. El resultado es un retrato agridulce del Hollywood sesentero a través de imágenes tan irónicas como descarnadas. Piezas de decorado, actrices secundarias medio desnudas, maniquíes sin cabeza y rincones íntimos de los estudios se mezclan con escenas urbanas de lujosos automóviles y bulevares jalonados de palmeras. Un deportivo blanco en un garaje de cuyo techo cuelga una reluciente lámpara de cristal. Un recio Marlon Brando abriéndose paso entre un grupo de manifestantes furibundos. Inspirado por ambas fotos, Dylan escribió un poema de 27 líneas en verso libre con un comienzo turbulento: Tras estrellar el deportivo / contra la araña / corrí hacia la cabina de teléfono y un irónico final: Fue entonces cuando vi / esa horda de gente / por la calle / la verdad es que no tengo nada / contra / Marlon Brando. Mucho más precisa es la apostilla poética que hace a una foto de Marlene Dietrich en el funeral de Gary Cooper: Sin querer saber el nombre de tu escultor / al clavar la mirada en el ayer / se paran los goznes del tiempo.

Y mientras escribo esta nota se me vienen a la cabeza una serie de contradicciones ¿acaso no iba a escribir que me alegraba que por fin saliera un nuevo libro de Bob y que nuevamente sonara para premio Nobel de literatura? (acento en la e, queridos lectores, acento en la e). ¿Por qué tengo la penosa sensación de que voy a comenzar a hablar mal de las revistas culturales en Colombia? La autocensura siempre está a la mano, y años de látigo religioso nos han hecho diestros en su uso.

El caso es que el déjà vu se hace más sospechoso cuando uno busca el libro en amazon.com y se encuentran en el stock libros nuevos y usados de la edición que “saldrá el 4 de noviembre”. Me alegra no haber pagado una suscripción a la revista en la pasada Feria del Libro de Bogotá, estos sinsabores es bueno tenerlos en la Web, donde todo es virtual-mente-posible.

Pero el querido Bob no tiene la culpa de la triste calidad de nuestra industria cultural (término odioso) y sus refritos. Bob es Bob y lo demás que arda. Les dejo una de mis canciones favoritas, que no me animo a traducir. Los poemas, habrá que comprarlos en amazon (o esperar el lanzamiento del que habla Arcadia, tal vez en un noviembre paralelo).

Blowin’ In The Wind

How many roads must a man walk down
Before you call him a man?
Yes, ‘n’ how many seas must a white dove sail
Before she sleeps in the sand?
Yes, ‘n’ how many times must the cannon balls fly
Before they’re forever banned?
The answer, my friend, is blowin’ in the wind,
The answer is blowin’ in the wind.

How many years can a mountain exist
Before it’s washed to the sea?
Yes, ‘n’ how many years can some people exist
Before they’re allowed to be free?
Yes, ‘n’ how many times can a man turn his head,
Pretending he just doesn’t see?
The answer, my friend, is blowin’ in the wind,
The answer is blowin’ in the wind.

How many times must a man look up
Before he can see the sky?
Yes, ‘n’ how many ears must one man have
Before he can hear people cry?
Yes, ‘n’ how many deaths will it take till he knows
That too many people have died?
The answer, my friend, is blowin’ in the wind,
The answer is blowin’ in the wind.

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