Hay algo en la poesía del medio oriente que me atrae de manera inquietante. No termino de comprender cuánto de mística hay detrás de cada palabra: una visión de mundo a la que difícilmente tendremos acceso del todo. Cierto color desconocido al que sólo se accede a través del velo tímido de la palabra.

Mahmud Darwix (1941-2008), es uno de los grandes de la poesía palestina. Su obra se conoce en español gracias al juicioso trabajo de Luz Gómez García, quien ha traducido la obra de éste y otros poetas árabes.

A continuación, dos textos de Darwix traducidos por Gómez García.

Se ha dejado una nube en la cama

Se ha dejado una nube en la cama. Deprisa
se ha despedido y me ha dicho: Te olvidaré. Pero
se ha dejado una nube en la cama. La he arropado con la seda
y le he dicho: No eches a volar, no la sigas.
Volverá.
(Pájaros azules, rojos,
amarillos, beben a sorbos agua de una nube
morosa que se asoma por sus hombros.)
De vuelta a casa sin
su séquito de pájaros notará que ha cambiado el tiempo
en el litoral de sus hombros, que las nubes se han evaporado /
Entonces pensará que se ha dejado algo: una nube en
mi cama, y volverá para recuperar sus rituales
de reina de una nube…
Me he alegrado de su derrota y se me ha escapado una sonrisa.
Y cuando me he metido en la cama a dormir
en los tropos, el agua me ha mojado.

De: Como la flor del almendro o allende. (Pre-Textos. Valencia. 2009, Trad. de Luz Gómez García)


La fuerza de la poesía

Si te preguntan por la fuerza de la poesía, di: La hierba no es tan delicada como parece. No se rompe una vez ha ocultado su sombra nimia en el secreto de la tierra. En la hierba de las piedras reside la metáfora de lo ausente que se revela sin bombo ni platillo. La hierba es una profecía espontánea que no tiene más profeta que su color, antítesis del desierto. La hierba salva al viajero de la fealdad del paisaje y de un ejército que asedia el camino hacia lo posible. La hierba es la poesía que fluye del impulso, el gozo de lo simple, la sencillez del gozo. La lengua que se allega al significado, y el significado que casa con la hospitalidad de la esperanza.

Si te preguntan: ¿Recortas el mar o esculpes la piedra?, di: Nada taja la piedra salvo el cincel del agua. Y si te preguntan por la liza entre la poesía y la muerte, mira la hierba y di sin faltar a la verdad: No hay poesía que a la hora del encuentro derrote a la muerte, sino que la aplaza, la aplaza lo justo para demostrar las bondades del canto en una fiesta que sólo ha de acabar cuando la canción se complete. Entonces el cantante caerá en manos de su cazador, al acecho detrás de la puerta. Quizá nadie se percate de su muerte mientras la canción siga de boca en boca, mientras la canten los trasnochadores. Durante ese aplazamiento, los cantantes nuevos se imaginan que la muerte duerme, hasta que se despiertan entre amapolas que les dan la bienvenida, como la estrofa inicial de una copla cananea, nunca escrita del todo por los pastores de gacelas, ocupados en ahuyentar al lobo y los chacales.

De: En presencia de la ausencia (Fi hadrat al-giyab, Beirut, Riad El-Rayyes, 2006)

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