Viendo noticias (lo que por fortuna no es para mí un hábito, porque en Colombia ver noticias es sinónimo de irse a dormir engañado), me ponía a pensar en el show mediático que se han vuelto los sismos; bueno, en general todo aquello que se pueda vender como catástrofe.

Me preguntaba cómo se transmitirá el fin de los tiempos, si algún periodista imbécil buscará una primicia sobre “la ira de Dios”, o preguntará idioteces al primer condenado que se encuentre en la calle antes de que se lo traguen las fauces del averno, si buscarían el punto exacto para filmar en exclusiva la conversión del polo negativo a positivo, o desde un helicóptero harían relación milímetro a milímetro de la desaparición de las Bahamas en medio de las aguas terribles del atlántico…

Pensaba en eso y pronto caí en la cuenta de que en Concepción vivía un querido amigo. Tengo que reconocer que, en medio de tanta basura, Facebook resulta útil para algunas cosas. El caso es que le escribí a Oscar Petrel, este amigo poeta de quien les hablo, y me contestó con una bella carta donde comparte algo de lo que pasa en Chile.

Conversé con Alonso Tapia, él está en la octava región.
Lo primero que me dice es que Chile es un texto complejo. Hay que leerlo con cuidado. La televisión chilla afiebrada, de terror. Me dice: hay que confiar en la radio a pilas y en los amigos. La comunicación se cortó.
Desde Puerto Montt logro nuevamente comunicarme con Alonso. Me dice que en menos de veinticuatro horas Concepción quedó sin ley. Me cuenta que aparecieron todos los Chicos Malilla que yo imagino, a robar lavadoras, televisores plasma, pendrive, espejos, perfumes. (¿Y usted porqué roba artículos que no son de primera necesidad en medio de esta catástrofe? Por aburrimiento/ toda mi vida por aburrimiento.) Algo así imagino. Imagino a contraluz.
Me dice que los vecinos se armaron con cuchillos palos, piedras, fogatas y pistolas, para cuidarse de los otros vecinos que ya vienen a robarlo todo con cuchillos, palos, piedras fogatas y pistolas. Me dice que el escenario es ridículo, me dice que el escenario es caótico, me dice que el escenario es latinoamericano. Mientras, los dos vemos por el canal nacional cómo se mueven tanques y aviones para resguardar el orden público de Concepción. Toque de queda en esa región. Le digo que el resto de Chile está paranoico, pero que está bien.
Algo así me dice: que la copa de cristal que es América Latina venía fracturada. Alexander Solzhenitsyn lo decía: occidente entero no resiste tres días sin agua y sin luz. Algo así le digo: La aldea desde antes estaba enferma. Teme a la oscuridad. Es un problema de espíritu, más bien, Concepción puede ser cualquier ciudad, más bien, me responde.
Le cuento que el eje de la tierra cambió ocho centímetros con el temblor. Me dice que no, Óscar, no fue el terremoto, es el miedo. Nos despedimos.
Quedo más tranquilo. Me dijo que estaba bien, al igual que algunos amigos, lo demás no sabría decirlo, Chile es un texto complejo, cada quien lee lo que quiere leer.

Oscar Petrel

Puerto Montt, 3 de Marzo 2010

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