Continúo con el fragmento de Fahrenheit 451 donde Beatty, el jefe de la delirante estación de bomberos donde trabajaba Montag, el protagonista de esta historia, anunciaba nuestras pesadillas…

-El cierre de cremallera desplaza al botón y el hombre ya no dispone todo ese tiempo mientras se viste, una hora filosófica y, por lo tanto, una hora de melancolía.

(…) La vida se convierte en una gran carrera, Montag. Todo se hace aprosa, de cualquier modo (…) Vaciar los teatros excepto para que actúen payasos, e instalar en las habitaciones paredes de vidrios y bonitos colores que suben y bajan, como confeti, sangre, jerez o sauterne. Te gusta el béisbol, ¿verdad, Montag?

-El béisbol es un juego estupendo

Ahora Beatty era casi invisible, sólo na voz en algún punto, detrás de una cortina de humo. (…)

-Te gustan los bolos, ¿verdad, Montag?

-Los bolos, sí.

-¿Y el golf?

-El golf es un juego magnífico.

-¿Baloncesto?

-Un juego magnífico

-¿Billar? ¿Fútbol?

-Todos son excelentes

-Más deportes para todos, espíritu de grupo, diversión, y no hay necesidad de pensar, ¿eh? Organiza y superorganiza superdeporte. Más chistes en los libros. Más ilustraciones. LA mente absorbe menos y menos. Impaciencia. Autopistas llenas de multitudes que van a ningún sitio. El refugio de la gasolina, las ciudades se convierten en moteles, la gente siente impulsos nómadas y va de un sitio para otro, siguiendo las mareas, viviendo una noche en la habitación donde otro ha dormido durante el día y el de más allá la noche anterior.

(…) Ahora, consideremos las minorías en nuestra civilización. Cuanto mayor es la población, más minorías hay. No hay que meterse con los aficionados a los perros, a los gatos, con los médicos, abogados, comerciantes, cocineros, mormones, bautistas, unitarios, chinos de segunda generación, suecos, italianos, alemanes, tejanos, irlandeses, gente de Oregón o de México. En este libro, en esta obra, en esta serie de Televisión la gente no quiere representar a ningún pintor, cartógrafo o mecánico que exista en la realidad. Cuanto mayor es el mercado, Montag, menos hay que hacer frente a la controversia, recuerda esto. Todas las minorías menores con sus ombligos que hay que mantener limpios. Los autores, llenos de malignos pensamientos aporrean las máquinas de escribir. Eso hicieron. Las revistas se convirtieron en una masa insulsa y amorfa. Los libros según dijeron los críticos esnobs, eran como agua sucia. No es extraño que los libros dejaran de venderse, decían los críticos. Pero el público, que sabía lo que quería, permitió la supervivencia de los libros de historietas. Y de las revistas eróticas tridimensionales, claro está. Ahí lo tienes, Montag. No era una imposición del gobierno. No hubo ningún dictado, ni declaración, ni censura, no. La tecnología, la explotación de las masas y la presión de las minorías produjo el fenómeno, a Dios gracias. En la actualidad, gracias a todo ello, uno puede ser feliz continuamente, se le permite leer historietas ilustradas o periódicos profesionales.

-Sí, pero, ¿qué me dice de los bomberos?

-Ah. -Beatty se inclinó hacia delante entre la débil neblina producida por su pipa-. ¿Qué es más fácil de explicar y más lógico? Como en las universidades producían más corredores, saltadores, boxeadores, aviadores y nadadores, en vez de profesores, críticos, sabios y creadores, la palabra “intelectual”, claro está, se convirtió en el insulto que merecía ser. Siempre se teme a lo desconocido. Sin duda, te acordarás del muchacho de tu clase que era excepcionalmente “inteligente”, que recitaba la mayoría de las lecciones y daba las respuestas, en tanto que los demás permanecían como muñecos de barro y le detestabam. ¿Y no era ese muchacho inteligente al que escogían para pegar y atormentar después de las horas de clase? Desde luego que sí. Hemos de ser todos iguales. No todos nacimos libres e iguales, como dice la Constitución, sino todos hechos iguales. Cada hombre, la imagen de cualquier otro. Entonces, todos son felices, porque no pueden establecerse diferencias o comparaciones desfavorables. ¡Ea! Un libro es un arma cargada en la casa de al lado. Quémalo. Quita el proyectil del arma. Domina la mente del hombre. ¿Quién sabe cuál podría ser el objetivo del hombre que leyese mucho? ¿Yo? No los resistiría ni un minuto. Y así, cuando, por último, las casas fueron totalmente inmunizadas contra el fuego, en el mundo entero (la otra noche tenías razón en tus conjeturas) ya no hubo necesidad de bomberos para el antiguo trabajo. Se les dio una nueva misión, como custodios de nuestra tranquilidad de espíritu, de nuestro pequeño, comprensible y justo temor de ser inferiores. Censores oficiales, jueces y ejecutores. Eso eres tú, Montag. Y eso soy yo.

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