Logo del I Festival de Literatura de Bogotá, Letras Capitales

Este fin de semana terminó el primer Festival de Literatura de Bogotá, Letras Capitales. Una experiencia desbordante que durante dos meses, cada sábado, puso en diálogo lo mejor de la literatura nacional con invitados internacionales de gran talla, como esos que hace mucho tiempo la Feria del Libro y los tradicionales y anquilosados festivales literarios de la ciudad olvidaron.

Fueron más de 42 artistas invitados entre escritores, cineastas y pintores, quienes se dieron cita en más de veinte escenarios: bibliotecas públicas, universidades, colegios y centros culturales, de los cuales muchos corresponden a espacios que poco o nada son tenidos en cuenta a nivel cultural en Bogotá. Esto hace que, además de haber sido un certamen de grandes proyecciones en lo literario, se constituya como una muestra de inclusión social para los bogotanos, cosa que suele ser muy bonita en el papel pero casi inexistente en las prácticas de la inmensa mayoría de entidades públicas y privadas en la ciudad.

El balance: más de dos mil personas a lo largo de estos dos meses tuvieron la oportunidad de acercarse al universo literario de autores de la talla de Alfredo Molano, Fabio Jurado, Roberto Burgos Cantor, entre otros destacados autores nacionales y Nathalie Handal (Palestina), Breyten Breitenbach (Sudáfrica), Ana María Shua (Argentina) y Raúl Brasca (Argentina), entre otros invitados internacionales. Además, el Festival tuvo la oportunidad de editar dos volúmenes de poesía con la obra de Handal y Breytenbach, dos de las voces más representativas de la poesía palestina y sudafricana, cuyas traducciones al español son prácticamente inexistentes.

El cierre del Festival se presentó en la Biblioteca Pública Virgilio Barco, con la presentación del poeta sudafricano Breyten Breytenbach y los poetas colombianos Fernando Linero y Gonzalo Márquez Cristo. La velada terminó con una evocación del escritor chino Liu Xiabobo, premio Nobel de paz 2010, actualmente en cautiverio por su oposición al régimen chino, a quien se le rindió un homenaje con la primicia de un poema (al que le dedicaré un próximo post) escrito desde la cárcel hace once años y nunca antes traducido al español.

No queda más que elogiar la maravillosa gestión de los amigos de la fundación Fahrenheit 451, quienes hicieron posible este evento, agradecerles, desearles un futuro próspero para el Festival y para todos sus proyectos, y sobre todo, esperar que el espíritu libertario que alimenta el Festival, la revista Fahrenheit 451  y las demás actividades de la fundación, permanezca ardiendo como antorcha en la noche cultural y política de Colombia.

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