A que no adivinan quién nació en Baltimore, por allá en 1915, cuando seguro eran ya célebres los gatos negros y los cuervos que habitaron las casonas de aquella ciudad delirante. A los quince, ya conocía Brooklyn, New Jersey y la prostitución.

Pero fue Harlem, por siempre Harlem, la ciudad que vería nacer la voz de los intersticios sangrantes de su alma. Le llamaron Lady Day, aunque para algunos fue el Angel of Harlem. Billie Holliday es, de entre varias voces que susurran en la noche, la más triste y una de voces favoritas. Darío Jaramillo Agudelo, cuyas líneas hace poco pasaron por aquí, dice de ella:

Lady sing the blues

Who’s prepare to pay the Price for a trip to the Paradise?

Billie Holiday, Love for sale

Gorrión triste que anida entre el piano y el humo, esta garganta

/inventa la sustancia más oscura de la noche.

Revelación de lo que existe detrás de la ingrávida tiniebla de los predestinados,

carne inútil e intensa como este canto de embriaguez,

lámpara votiva de las alucinaciones, luna sembrada de alcohol

muchacha que flota, muchacha que vuela, alambre vivo,

ella nombra el sustrato profundo de los cuerpos,

aguja que teje un sol líquido a la sangre,

oh baby,

quiero dormir.

Anuncios