Thelonious, Thelonious, Thelonious… Salvo tus giras y una carrera de veinte años que te llevó a las portadas de Time, salvo tus dedos imposibles sobre el teclado, salvo la policía tras de ti mientras escondías la droga de tus amigos; salvo la cárcel una que otra noche, realmente nunca saliste de una pequeña habitación…

Esta semana, el turno es para el poeta mexicano Carlos Ramírez Vuelvas, quien nos trae este homenaje al pianista padre del bebop:

Thelonius Monk escucha el aguacero

Es la primera lluvia de junio y el aguacero se llama Thelonius Monk

Lumbre de ébano sobre el fuego blanco del alcohol

El acorde de carmín donde la melancolía asienta el reino

Porque no hay luz más clara y más intensa que aquella sangrando de las manos de un sabio

Que aquella que de tan negra es la sangre de la luz

Su lamento es una almohada para reposar los huesos cansados del alma

Escucho a Thelonius Monk y cruza la vertical un relámpago de ron

Una infancia con los miembros amputados

El muñón del que se burlan mis hermanos

Pero que sea dulce el beso de la armonía para saciar la piel erizada del silencio

Que la vida vista sus trajes favoritos como niña

para decirnos que todo es muy sencillo

Porque Monk le teje un abrigo a Nellie

Un pedazo de corazón le deja en la piel

con ciertas partes de un crepúsculo de octubre y la pupila de la lluvia

mirándola por dentro

Porque Monk desteje el corazón de Nellie y lo hace delgadísimas notas de música

que penetra y sangra y danza y muelle y lacera

como una nota de piano carcomiéndonos el alma

Para qué preguntar por la rabia en medio de este aguacero

Qué luz podría encontrar el desconsuelo

en un hombre que prepara la entrada de su amada al Infierno

Un bourbon           un whiskie                 una cerveza bastan

Y una trompeta de oro negro vibra  estalla en el cielo

Hay un hombre pudriéndose por dentro

mientras deja huellas de la luz más clara y más intensa

La tormenta se sonroja de su estruendo

Avanza el oscuro tapiz del aguacero

Después la melodía se hace más lenta

Alguien espera el obús para volarse la cabeza

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