Como mucha gente, no sabía nada de Tranströmer hasta que fue noticia en el 2011 al ser galardonado con el premio Nobel. Como mucha gente entonces, busqué algo de él para leer y, por el vértigo que suelen tener los eventos coyunturales, no tuve ocasión de apreciar la magnitud de su obra. Ahora que he tenido la oportunidad de compartir su lectura en la Universidad, no puedo menos que abrirle un espacio aquí, donde vienen a parar las cosas que realmente me importan.
Les dejo este video y, como siempre, un poema.

Con el arroyo

En conversaciones con contemporáneos yo vi oí tras sus
rostros
la corriente
que corría y corría y llevaba consigo a voluntarios e involuntarios.

Y el ser con ojos pegados
que quiere ir hacia el medio del chorro, contra la corriente,
se arroja hacia adelante sin temblar
en furiosa hambre de sencillez.

Donde más fuerte es la corriente,

como allí donde el arroyo se angosta y va hacia el otro lado
del chorro —lugar donde hice un alto
luego de un viaje a través de bosques secos

una noche de junio: el transistor da lo último
de la sección extraordinaria: Kosygin, Eban.
Algunos pocos pensamientos me taladran, desesperadamente.
Algunos pocos hombres están lejos del pueblo.

Y bajo el puente colgante pasan las masas de agua

estrellándose. Aquí llega la madera. Algunos troncos
señalan hacia el frente como torpedos. Otros se tuercen
totalmente, giran torpemente y van hacia destinos nulos

y algunos olfatean las costas del arroyo,
se meten entre piedras y resaca, se clavan
y se dan la vuelta como manos unidas,

inmóviles en el estruendo…

Vi oí desde el puente colgante
en una nube de mosquitos,
junto con algunos muchachos. Sus bicicletas
enterradas en el verde —solo los cláxones
sobresalían.

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