Kohan, Martín. Museo de la revolución. Sudamericana, 2006.

Marcelo es un editor argentino. Ha viajado a México para cumplir algunas tareas que le encargaron en Amauta, la casa editorial para la que trabaja: concertar algunos vínculos con editores mexicanos, ampliar el catálogo y la distribución. También ha viajado tras la pista de un posible manuscrito, el de Rubén Tesare, un militante argentino de los años ’70 cuyos diarios conserva otra argentina, exiliada, llamada Norma Rossi. Esta es la cita que más le interesa a Marcelo, a la que va a dedicar el tiempo que sus otras tareas le dejen en México. La historia se abre, pues, en tres direcciones:
En la superficie, Marcelo y sus intentos por obtener el cuaderno de manos de Rossi y una tensión sexual entre los dos que no quiere concretarse. Norma, quien parece postergar indefinidamente la entrega, pero a cambio insiste en leer pasajes del diario político de Tesare. Por otro lado, la historia de Tesare, consignada en un diario personal del que también le habla Norma Rossi a Marcelo, y que le cuenta en diferentes encuentros, a medida que avanza en la lectura del diario político. Tesare viaja a Laguna Chica, en Tucumán, a un encuentro clandestino que no debe tomar sino un día, dos a lo sumo. Rompe el protocolo de seguridad al conocer a Fernanda Aguirre y compartir con ella la habitación de hotel, en una venganza infantil contra su propio movimiento (que se ha inmiscuído en sus asuntos personales) de la que no sale bien librado. Finalmente, las reflexiones políticas de Tesare, probablemente la capa más profunda e interesante de Museo de la revolución, aquella por la que la novela se juega su apuesta formal.
La obra se mueve a caballo entre ensayos sobre el tiempo y la revolución, y una estructura narrativa que tiende puentes entre los años ’70 y el presente. El pensamiento de Tesare rastrea a Lennin y a Trotski, sus reflexiones previas y posteriores al triunfo de la revolución de octubre con una premisa en mente: la revolución es ante todo una cuestión sobre el tiempo. Su irrupción se sustenta en las promesas de un futuro diferente, sus argumentos se construyen con base en el pasado, en una tradición de pensamiento que varía según el momento histórico: para Lennin yace en Marx y Engels, para Marx y Engels en las revoluciones burguesas, para Trotsky en Lennin, quien ha interpretado a su pueblo, a Marx y a Engels, y a las revoluciones burguesas. ¿Y el presente? Inasible, una cuestión de espera, pero también de acción, de saber conspirar, tener la paciencia para ver madurar la revolución y luego abalanzarse sobre el momento preciso, un momento que siempre es indefinido, indeterminable, y que se define por el paso de la ilegalidad al poder. Solo alguien como Lennin parece haber sido capaz de verlo con tal precisión. ¿Y el presente después del asalto revolucionario?, es decir, ¿el día después, que se hace un ahora? La revolución que avanza, que debe mantenerse activa y a la vanguardia para resolver las necesidades que ha prometido satisfacer y a la vez resistir los embates contrarrevolucionarios. La gran paradoja, la revolución permanente, el presente que se alarga indefinidamente, el futuro que (en el fracaso de la revolución) no llega
El tiempo y la acción. El tiempo de la historia, pero también el de la vida cotidiana. Pocas veces confluyen, porque el tiempo histórico trasciende las vidas de los hombres. Pero en un verdadero momento revolucionario, en un giro histórico que ocurre apenas en el lapso de las horas del asalto al poder, se encuentran, confluyen. Tesare sigue las interpretaciones de Trotsky, su forma de leer en Lennin la confluencia de estos dos momentos, las marcas visibles del peso del tiempo en su cuerpo, el insomnio expectante y la fatiga del pasado. Lennin las ha leído en Napoleón, que en Egipto infunde moral a sus tropas instándolos ver en las pirámides la historia vigilante.
El lector sigue a Marcelo, quien recibe todas estas ideas de boca de Norma Rossi, pero aquí también hay una trampa del tiempo, una postergación indefinida. Debe aguardar a que llegue el futuro de la novela, aquello que promete en su estructura narrativa, las entregas: la de los diarios, las de los cuerpos de Rubén Tesare y Fernanda Aguirre, de Marcelo y Norma Rossi. Las tensiones se acumulan a lo largo del texto, postergadas por la reflexión política. Cuando se resuelven, lo hacen con el registro anticlimático de las revoluciones fallidas, son constatación pura y nada más, constatación de lo insignificante, de la cotidianidad más burda. En la pugna entre acción y reflexión (escritura), el verdadero éxtasis no está en la acción sino en la reflexión, sugiere la novela.

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