Rafael Chaparro Madiedo

15 11 2009

Su obra Opio en las nubes, es considerada por muchos una de las más importantes de la narrativa colombiana de los ‘90; para otros, otro libro del que no vale la pena hablar.

No obstante, Chaparro Madiedo, fue ganador de un concurso universitario que realizaba el Instituto Colombiano para el Fomento a la Educación Superior-ICFES. A continuación, algunos de sus textos, tomados del Blog Ambulancia con Whisky:

 

***

Un ave pasó regando cielo
sobre la selva negra
en praderas de sangre
reflejó múltiples lunas se hierba
y cauces de agua pesada

Frente a un arroyo de la noche
dio nombre a cuatro dioses vagabundos:
Tierra, Viento y Fuego
pero sólo a ti te dio un nombre
que nadie quiere olvidar:
Muerte.

Lunas

No me mires
cuando la luna se estremezca
en mil temblores fulgurosos

No me hables
cuando comparta mi pan
con los habitantes de la Tiniebla
porque entonces mi sombra te cubrirá como una niebla

Sólo espérame en el filo de la realidad
donde la púrpura profunda de Dios
se desangra sobre mi sangre.

El río de los hombres

Cruzar el cauce de la niebla
eso nada más,
Entrar bajo el árbol
y buscar la sombra de oro
de alguna fruta profunda.

Recoger el rastro herido
de algún ave sobre espejos de metal
cuando el mar acoja
en su silencio
la miel de los bosques
el cielo de las fieras
y el río de los hombres: Sangre.

 





Mahmud Darwix (Palestina)

8 11 2009

Hay algo en la poesía del medio oriente que me atrae de manera inquietante. No termino de comprender cuánto de mística hay detrás de cada palabra: una visión de mundo a la que difícilmente tendremos acceso del todo. Cierto color desconocido al que sólo se accede a través del velo tímido de la palabra.

Mahmud Darwix (1941-2008), es uno de los grandes de la poesía palestina. Su obra se conoce en español gracias al juicioso trabajo de Luz Gómez García, quien ha traducido la obra de éste y otros poetas árabes.

A continuación, dos textos de Darwix traducidos por Gómez García.

Se ha dejado una nube en la cama

Se ha dejado una nube en la cama. Deprisa
se ha despedido y me ha dicho: Te olvidaré. Pero
se ha dejado una nube en la cama. La he arropado con la seda
y le he dicho: No eches a volar, no la sigas.
Volverá.
(Pájaros azules, rojos,
amarillos, beben a sorbos agua de una nube
morosa que se asoma por sus hombros.)
De vuelta a casa sin
su séquito de pájaros notará que ha cambiado el tiempo
en el litoral de sus hombros, que las nubes se han evaporado /
Entonces pensará que se ha dejado algo: una nube en
mi cama, y volverá para recuperar sus rituales
de reina de una nube…
Me he alegrado de su derrota y se me ha escapado una sonrisa.
Y cuando me he metido en la cama a dormir
en los tropos, el agua me ha mojado.

De: Como la flor del almendro o allende. (Pre-Textos. Valencia. 2009, Trad. de Luz Gómez García)


La fuerza de la poesía

Si te preguntan por la fuerza de la poesía, di: La hierba no es tan delicada como parece. No se rompe una vez ha ocultado su sombra nimia en el secreto de la tierra. En la hierba de las piedras reside la metáfora de lo ausente que se revela sin bombo ni platillo. La hierba es una profecía espontánea que no tiene más profeta que su color, antítesis del desierto. La hierba salva al viajero de la fealdad del paisaje y de un ejército que asedia el camino hacia lo posible. La hierba es la poesía que fluye del impulso, el gozo de lo simple, la sencillez del gozo. La lengua que se allega al significado, y el significado que casa con la hospitalidad de la esperanza.

Si te preguntan: ¿Recortas el mar o esculpes la piedra?, di: Nada taja la piedra salvo el cincel del agua. Y si te preguntan por la liza entre la poesía y la muerte, mira la hierba y di sin faltar a la verdad: No hay poesía que a la hora del encuentro derrote a la muerte, sino que la aplaza, la aplaza lo justo para demostrar las bondades del canto en una fiesta que sólo ha de acabar cuando la canción se complete. Entonces el cantante caerá en manos de su cazador, al acecho detrás de la puerta. Quizá nadie se percate de su muerte mientras la canción siga de boca en boca, mientras la canten los trasnochadores. Durante ese aplazamiento, los cantantes nuevos se imaginan que la muerte duerme, hasta que se despiertan entre amapolas que les dan la bienvenida, como la estrofa inicial de una copla cananea, nunca escrita del todo por los pastores de gacelas, ocupados en ahuyentar al lobo y los chacales.

De: En presencia de la ausencia (Fi hadrat al-giyab, Beirut, Riad El-Rayyes, 2006)





Fotografía…

6 11 2009

Bueno, lo he comentado un par de veces, mi gusto por la fotografía crece día a día. No he escuchado nunca a mis estudiantes decir: “cuando sea grande quiero ser fotógrafo”, pero vaya si en un momento de la vida, uno se encuentra con ese juguete maravilloso que es la cámara fotográfica y luego no hace más que divertirse con ella como un niño.

Dejo una muestra del Blog que les sugiero (esperando no meterme en líos con los derechos de autor). Se trata del Photo Journal, alojado en la página del Wall Street Journal, donde todos los días se publican dieciséis de las mejores fotografías que circulan en la prensa mundial.

Click en la imagen para ir al Photo Journal. Fuente en WSPJ: Michael Schumacher/Amarillo Globe-News via Associated Press.

APTOPIX Gas Pipeline Explosion

 





Juan López y John Ward (Borges)

6 11 2009

Este poema de Borges fue publicado en el diario El clarín, en agosto de 1982, una época difícil para la República Argentina.

No deja de estremecerme cada que lo leo.

Juan López y John Ward

Les tocó en suerte una época extraña.

El planeta había sido parcelado en distintos países, cada uno provisto de lealtades, de queridas memorias, de un pasado sin duda heroico, de derechos, de agravios, de una mitología peculiar, de próceres de bronce, de aniversarios, de demagogos y de símbolos. Esa división, cara a los cartógrafos, auspiciaba las guerras.

López había nacido en la ciudad junto al río inmóvil; Ward, en las afueras de la ciudad por la que caminó Father Brown. Había estudiado castellano para leer el Quijote.

El otro profesaba el amor de Conrad, que le había sido revelado en una aula de la calle Viamonte.

Hubieran sido amigos, pero se vieron una sola vez cara a cara, en unas islas demasiado famosas, y cada uno de los dos fue Caín, y cada uno, Abel.

Los enterraron juntos. La nieve y la corrupción los conocen.
El hecho que refiero pasó en un tiempo que nopodemos entender.

Wikipedia le explica el contexto





Otra más sobre el futuro del libro

3 11 2009

En la era de la www, la preocupación por el futuro del libro impreso es, más que un tema recurrente, cada día más un motivo, un motor de la industria cultural a nivel mundial. Y hay toda suerte de diagnósticos al respecto, de matices tan variados que poco a poco se empieza a tener la sensación de que se está ante un discurso que se repite cada cierto tiempo.

La cosa es que, estamos ante una transformación inminente y la podemos ver a los ojos, cosa que no muchos pudieron hacer frente al advenimiento de la escritura, o frente a la herencia de Gutenberg, ya  que sus procesos fueron más lentos y por ende menos traumáticos; sin mencionar el clima de paranoia que genera el acceso a la información en tiempo real.

En Letras Libres, encontré un interesante artículo que plantea una mirada menos extremista, mucho más consciente de lo que sucede; y aunque tiene cierto tufillo localista (lo que no está mal para México y se debería pensar igual para cada país o región), propone una interesante perspectiva de lo que viene en cuanto el libro, en formato digital y electrónico.

Click aquí para leer el artículo





Caín

24 10 2009

Saramago lanzó su novela y se habla de él aquí y allá. Lo que diga será entonces una redundancia hasta que lea el libro; mera repetición con un interés divulgativo que no se compara con el menor de los grandes medios.
Dada la observación recibida frente a citar algo que mejor pongo en un link (con la que he estado muchas veces de acuerdo), sólo me resta decir que sí, que al margen del debate en torno a la religión que la nueva novela de Saramago ha suscitado, al margen de diversas posiciones religiosas; recuerdo a alguien decir que la actitud de Dios fue aún más perversa que la de Caín, y la idea me resulta inquietante.
La verdad poco me importa (miento) la posibilidad de una “verdadera historia” de la terrible tradición judeocristiana que heredamos; poco me importa (¿?) la veracidad de la historia de la salvación. No estoy diciendo que Saramago haga tal apuesta, por supuesto, pero me llama la atención el tema y no puedo evitar pensar en cientos de personajes con cicatrices similares a las de Caín o largo del relato heredado.

Les dejo una entrevista en Ñ a propósito del tema.





Círculo de poesía

12 10 2009

Ya es costumbre decir “navegando por ahí, me encontre…”, lo que da la sensación de que cada tanto me subo a alguna suerte de barco a ver en qué arrecife encallaré esta tarde. Lo que traigo ahora, sí, me lo encontré también por ahí, unos días antes de la Feria del Libro de Bogotá, cuando les hablé de un par de encuentros afortunados que tuvieron lugar entonces. Coincidencialmente, el poeta mexicano Mijail Lamas me habló de ello cuando tuvimos oportunidad de conversar, en la misma feria.

Me refiero a esta revista electrónica de literatura. En su edición participan algunos de los más importantes escritores emergentes de México.

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El Círculo de Poesía es un colectivo abierto de poetas, académicos, críticos y gestores culturales que tiene como principal objetivo la difusión de la poesía en particular y de la cultura literaria en general.

Mediante acciones concretas como la creación, la crítica, la edición de libros, revistas y suplementos culturales, la impartición de talleres literarios, cursos y conferencias, así como recitales de poetas maduros y jóvenes, el Círculo de Poesía se propone contribuir a la formación de lectores y de nuevos críticos y escritores, acorde a las exigencias de nuestro tiempo. De ese modo se construirán nuevos modos de interlocución sobre la cultura, la realidad y las artes.

El estado actual de nuestra literatura nos obliga a repensarla con seriedad, con honestidad. Por ello, el Círculo de Poesía, sin mala fe, sin segundas intenciones, se pronuncia por un debate verdadero, ríspido a momentos pero siempre en el marco del respeto y la convivencia sana.

 Aunque se centra  básicamente en la poesía, Círculo de poesía presenta frecuentemente textos narrativos, ensayísticos y música. Poco a poco, seguro, se convertirá en bastión y estandarte de la literatura mexicana y latinoamericana.

Una de las características que me llaman la atención de círculo de poesía, es una apuesta por recuperar la importancia de los contenidos por encima de la extensión. Es común ver en revistas electrónicas una fuerte preocupación por publicar textos cortos, por “no cansar al lector”. Otra de esas pesadillas facilistas en la que el mundo acelerado de la hiperrealidad insiste en sumergirnos y que, con suerte, una tecnología futura en el diseño de las pantallas resolverá.

Por mi parte, debo reconocer que me ha costado leer textos de largo aliento en pantalla, pero, con el horizonte virtual que se avecina, esta dificultad será cada vez menor y me parece importante valorar las propuestas que exigen sortear esta dificultad antes que acomodarse al facilismo de lo breve.

En últimas, al margen de la discusión en torno a la “lecturabilidad”, hay que decir desde ya, que Círculo de poesía se constituye como un punto de encuentro de las nuevas generaciones.





E. A. Poe 160

7 10 2009

“Edgar Allan Poe ha muerto, murió anteayer en Baltimore. Esta noticia sorprenderá a muchos y algunos se apenarán”. Fragmento de la noticia registrada hace 160 años, en el New York Tribune, por un tal Ludwig, seudónimo del periodista Rufus Wilmont Griswold

¿Qué se puede decir del magnífico, el oscuro Edgar Allan Poe, que no esté dicho? ¿Hacer eco, tal vez, del rumor que dice que murió alcoholizado en un cruce de vías de Baltimore, una noche de invierno? ¿O repetir, palabras más, palabras menos, que fue encontrado quince días antes de contraer matrimonio con un antiguo amor de juventud, en estado de delirio; que fue trasladado a un hospital en Washington, donde moriría en la madrugada del siete de octubre de 1943, diez días antes de su nueva boda; o traer de nuevo los fragmentos de Cortázar y recordar que llamaba incesantemente a un lejano explorador polar que inspiró una de sus narraciones? ¿Decir, tal vez, que sus certificados médicos se perdieron y fue imposible saber a ciencia cierta la causa de muerte, aunque se presuma que fue delirium tremens entre otras acuñables al alcohol y el desenfreno?

Que sea este un homenaje a los ciento sesenta años de su muerte, y para no cansarlos con la redundancia, renunciaré a hablar más de él o poner aquí sus textos más comunes. En la web se encuentran por doquier. Pondré a continuación un breve poema, tomado de Ciudad Seva, cuyo traductor desconozco.

Amigos que por siempre nos dejaron

Amigos que por siempre
nos dejaron,

caros amigos para siempre idos,
fuera del Tiempo
y fuera del Espacio!

Para el alma nutrida de pesares,
para el transido corazón, acaso.





Adiós a Manuel H.

24 09 2009

El viernes pasado, Murió Manuel H, y con él, los orígenes de la reportería gráfica en Colombia se despiden para siempre. La brevedad de una vida resume la fotografía nacional; de la cual, salvo escasas excepciones, no queda más que la tiranía del Photoshop. Nota de El Tiempo.com:

Tomó imágenes que pasaron a la historia de personajes como Manolete o Gaitán.

  

“El reportero gráfico debe renunciar, asiduamente, a ciertas satisfacciones de índole familiar o social en aras de cumplir su misión periodística”.

 

Este fue, quizás, el lema que dominó la vida del fotógrafo Manuel Humberto Rodríguez, mejor conocido como Manuel H, quien falleció el viernes, a los 89 años, por complicaciones pulmonares.

 

“Creo que su legado como fotógrafo es muy importante y que su obra constituye, tal vez, el acervo visual más rico sobre la historia de la última mitad de siglo con el que cuenta el país”, comenta el crítico Eduardo Serrano.

 

Fue tal su pasión por la reportería gráfica que prefirió, siempre, invertir todo su dinero en cámaras (deja un museo que supera las 100) antes que en una casa propia. “Siempre vivimos en arriendo”, cuenta su hija Margarita.

 

Manuel H nació en el 14 de julio de 1920, en el tradicional barrio capitalino de San Diego. “Él me contaba -continúa Margarita- que en el lugar donde nació había una placa que decía: ‘Aquí nació Manuel H’. Y agregaba, con su humor único, ‘es posible que no la encuentre porque algún envidioso se la llevó o algún admirador la tiene’”.

 

Para ayudar a sus padres con el sustento de su casa, Manuel H se empleó, desde los 12 años, en la tipografía de su padrino Carlos, en donde se desempeñaba como mandadero. Por esa época, compró su primera cámara, con la que empezó a tomar fotos a amigos y familiares, mientras estudiaba por su propia cuenta con libros que conseguía.

 

Fue ese trabajo meticuloso en la tipografía de donde heredó la disciplina y organización con la que manejó el resto de la vida su valioso archivo, que supera las 500 mil fotografías en blanco y negro y las 200 mil en color, sin contar las trasparencias, puntualiza su hija.

 

No hubo político en Colombia que él no hubiera seguido, destaca Serrano. “Recuerdo mucho las fotos de Belisario toreando y de Laureano Gómez y Jorge Eliécer Gaitán viendo en toros. Él recopiló, visualmente, la historia política del país. Pero también fue el fotógrafo de la vida nacional. Muy recordados son sus trabajos de carácter social o sobre el desarrollo urbanístico de Bogotá”.

 

Alternaba su trabajo de ‘freelance’ con las colaboraciones a diferentes diario y revistas nacionales, entre los que se destaca EL TIEMPO, al que se vinculó desde 1952.

 

Una de sus series más brillantes como reportero gráfico fue la del mundo taurino. “Como fotógrafo de toros no tiene igual no solo en Colombia, sino en América Latina. Sus trabajos de la fiesta brava son sencillamente espectaculares. Fotografió a Manolete, Dominguín, César Rincón y a todos los grandes”, anota Serrano.

 

En 1943, se casó con a María Julia Rodríguez de Rodríguez, con quien compartió 62 años de vida. Le sobreviven ocho de sus diez hijos, 14 nietos y dos bisnietos.

 

Su cuerpo es velado en la funeraria Capilla de la Fe de Bogotá (Carrera 11 con calle 69).

 





El idioma analítico de John Wilkins (Borges)

21 09 2009

A propósito del último taller de cuento (y de lo que espero sea una semana divertida dictando clases), me di a la tarea de buscar el texto en el que Borges abofeteaba, una vez más, a occidente; esta vez, por medio de sus delirantes categorías. No está demás recordar que, es el fragmento de la clasificación de los animales, el que incluye Foucault en su ensayo Las palabras y las cosas. Se publicó en el libro Otras inquisiciones.

Sé que, a diferencia del papel, que lo aguanta todo, la pantalla alcanza apenas los cuatro mil caracteres. Espero que alguno de los que se topen con esta entrada, lean el cuento completo que, ánimo, no alcanza tres páginas impresas.

El idioma analítico de John Wilkins

 He comprobado que la decimocuarta edición de la Encyclopaedia Britannica suprime el artículo sobre John Wilkins. Esa omisión es justa, si recordamos la trivialidad del artículo (veinte renglones de meras circunstancias biográficas: Wilkins nació en 1614, Wilkins murió en 1672, Wilkins fue capellán de Carlos Luis, príncipe palatino; Wilkins fue nombrado rector de uno de los colegios de Oxford, Wilkins fue el primer secretario de la Real Sociedad de Londres, etc.); es culpable, si consideramos la obra especulativa de Wilkins. Este abundó en felices curiosidades: le interesaron la teología, la criptografía, la música, la fabricación de colmenas transparentes, el curso de un planeta invisible, la posibilidad de un viaje a la luna, la posibilidad y los principios de un lenguaje mundial. A este último problema dedicó el libro An Essay Towards a Real Character and a Philosophical Language (600 páginas en cuarto mayor, 1668). No hay ejemplares de ese libro en nuestra Biblioteca Nacional; he interrogado, para redactar esta nota, The Life and Times of John Wilkins (1910), de P. A. Wright Henderson; el Woerterbuch der Philosophie (1924), de Fritz Mauthmer; Delphos (1935), de E. Sylvia Pankhurst; Dangerous Thoughts (1939), de Lancelot Hogben.

Todos, alguna vez, hemos padecido esos debates inapelables en que una dama, con acopio de interjecciones y de anacolutos, jura que la palabra luna es más (o menos) expresiva que la palabra moon. Fuera de la evidente observación de que el monosílabo moon es tal vez más apto para representar un objeto muy simple que la palabra bisilábica luna, nada es posible contribuir a tales debates, descontadas las palabras compuestas y las derivaciones, todos los idiomas del mundo (sin excluir el volapük de Johann Martin Schleyer y la romántica interlingua de Peano) son igualmente inexpresivos. No hay edición de la Gramática de la Real Academia que no pondere “el envidiado tesoro de voces pintorescas, felices y expresivas de la riquísima lengua española” pero se trata de una mera jactancia, sin corroboración. Por lo pronto, esa misma Real Academia elabora cada tantos años un diccionario, que define las voces del español… En el idioma universal que ideó Wilkins al promediar el siglo XVII, cada palabra se define a sí misma. Descartes, en una epístola fechada en noviembre de 1629, ya había anotado que mediante el sistema decimal le numeración, podemos aprender en un solo día a nombrar todas las cantidades hasta el infinito y a escribirlas en un idioma nuevo que es el de los guarismos[1]; también había propuesto la formación de un idioma análogo, general, que organizara y abarcara todos los pensamientos humanos. John Wilkins, hacia 1664, acometió esa empresa.

Dividió el universo en cuarenta categorías o géneros, subdivisibles luego en diferencias, subdivisibles a su vez en especies. Asignó a cada género un monosílabo de dos letras; a cada diferencia, una consonante; a cada especie, una vocal. Por ejemplo: de, quiere decir elemento; deb, el primero de los elementos, el fuego; deba, una porción del elemento del fuego, una llama. En el idioma análogo de Letellier (1850) a, quiere decir animal; ab, mamífero; abo, carnívoro; aboi, felino; aboje, gato; abi, herbívoro; abiv, equino; etc. En el de Bonifacio Sotos Ochando (1845), imaba, quiere decir edificio; imaca, serrallo; imafe, hospital; imafo, lazareto; imarri, casa; imaru, quinta; imedo, poste; imede, pilar; imego, suelo; imela, techo; imogo, ventana; bire, encuadernador; birer, encuadernar. (Debo este último censo a un libro impreso en Buenos Aires en 1886: el Curso de lengua universal, del doctor Pedro Mata.)

Las palabras del idioma analítico de John Wilkins no son torpes símbolos arbitrarios; cada una de las letras que las integran es significativa, como lo fueron las de la Sagrada Escritura para los cabalistas. Mauthner observa que los niños podrían aprender ese idioma sin saber que es artificioso; después en el colegio, descubrirían que es también una clave universal y una enciclopedia secreta.

Ya definido el procedimiento de Wilkins, falta examinar un problema de imposible o difícil postergación: el valor de la tabla cuadragesimal que es base del idioma. Consideremos la octava categoría, la de las piedras. Wilkins las divide en comunes (pedernal, cascajo, pizarra), módicas (mármol, ámbar, coral), preciosas (perla, ópalo), transparentes (amatista, zafiro) e insolubles (hulla, greda y arsénico). Casi tan alarmante como la octava, es la novena categoría. Esta nos revela que los metales pueden ser imperfectos (bermellón, azogue), artificiales (bronce, latón), recrementicios (limaduras, herrumbre) y naturales (oro, estaño, cobre). La belleza figura en la categoría decimosexta; es un pez vivíparo, oblongo. Esas ambigüedades, redundancias y deficiencias recuerdan las que el doctor Franz Kuhn atribuye a cierta enciclopedia china que se titula Emporio celestial de conocimientos benévolos. En sus remotas páginas está escrito que los animales se dividen en (a) pertenecientes al Emperador, (b) embalsamados, (c) amaestrados, (d) lechones, (e) sirenas, (f) fabulosos, (g) perros sueltos, (h) incluidos en esta clasificación, (i) que se agitan como locos, (j) innumerables, (k) dibujados con un pincel finísimo de pelo de camello, (l) etcétera, (m) que acaban de romper el jarrón, (n) que de lejos parecen moscas. El Instituto Bibliográfico de Bruselas también ejerce el caos; ha parcelado el universo en 1000 subdivisiones, de las cuales la 262 corresponde al Papa; la 282, a la Iglesia Católica Romana; la 263, al Día del Señor; la 268, a las escuelas dominicales; la 298, al mormonismo, y la 294, al brahmanismo, budismo, sintoísmo y taoísmo. No rehúsa las subdivisiones heterogéneas, verbigracia, la 179: “Crueldad con los animales. Protección de los animales. El duelo y el suicidio desde el punto de vista de la moral. Vicios y defectos varios. Virtudes y cualidades varias.”

He registrado las arbitrariedades de Wilkins, del desconocido (o apócrifo) enciclopedista chino y del Instituto Bibliográfico de Bruselas; notoriamente no hay clasificación del universo que no sea arbitraria y conjetural. La razón es muy simple: no sabemos qué cosa es el universo. “El mundo —escribe David Hume— es tal vez el bosquejo rudimentario de algún dios infantil, que lo abandonó a medio hacer, avergonzado de su ejecución deficiente; es obra de un dios subalterno, de quien los dioses superiores se burlan; es la confusa producción de una divinidad decrépita y jubilada, que ya se ha muerto” (Dialogues Concerning Natural Religion, V, 1779). Cabe ir más lejos; cabe sospechar que no hay universo en el sentido orgánico, unificador, que tiene esa ambiciosa palabra. Si lo hay, falta conjeturar su propósito; falta conjeturar las palabras, las definiciones, las etimologías, las sinonimias, del secreto diccionario de Dios.

La imposibilidad de penetrar el esquema divino del universo no puede, sin embargo, disuadimos de planear esquemas humanos, aunque nos conste que éstos son provisorios. El idioma analítico de Wilkins no es el menos admirable de esos esquemas. Los géneros y especies que lo componen son contradictorios y vagos; el artificio de que las letras de las palabras indiquen subdivisiones y divisiones es, sin duda, ingenioso. La palabra salmón no nos dice nada; zana, la voz correspondiente, define (para el hombre versado en las cuarenta categorías y en los géneros de esas categorías) un pez escamoso, fluvial, de carne rojiza. (Teóricamente, no es inconcebible un idioma donde el nombre de cada ser indicara todos los pormenores de su destino, pasado y venidero.)

Esperanzas y utopías aparte, acaso lo más lúcido que sobre el lenguaje se ha escrito son estas palabras de Chesterton: “El hombre sabe que hay en el alma tintes más desconcertantes, más innumerables y más anónimos que los colores de una selva otoñal… cree, sin embargo, que esos tintes, en todas sus fusiones y conversiones, son representables con precisión por un mecanismo arbitrario de gruñidos y de chillidos. Cree que del interior de un bolsista salen realmente ruidos que significan todos los misterios de la memoria y todas las agonías del anhelo” (G. F. Watts, pág. 88, 1904).


[1]Teóricamente, el número de sistemas de numeración es ilimitado. El más complejo (para uso de las divinidades y de los ángeles) registraría un número infinito de símbolos, uno para cada número entero; el más simple sólo requiere dos. Cero se escribe 0, uno 1, dos 10, tres 11, cuatro 100, cinco 101, seis 110, siete 111, ocho 1000… Es invención de Leibniz, a quien estimularon (parece) los hexagramas enigmáticos del I King.