Ok, Ok, sé que en el post anterior dije que pondría la contra parte de El cuento claro al día siguiente, pero vamos, el trabajo, la familia, la desidia, blablabla…

Les dejo el poema que complementa al anterior y les recomiendo mucho el libro de Courtoisie. Enseña aquello de la solidez y unidad temática y formal de una obra, con lo que tanto joden los concursos de poesía.

Lágrimas Negras

Este es un cuento negro donde hasta las palabras son oscuras. El sonido de las palabras es oscuro, oscuro, tan oscuro que ni siquiera se puede escuchar si alguien pronuncia la palabra:

“luz”

No se ve nada. Los personajes van vestidos de negro, tienen la cara pintada de negro y usan guantes de cuero negro que brillan apenas en la soledad de la noche como si fueran lagartos negros de cinco dedos, sin anillos ni nada. Todo es negro. Hasta la sombra llora, pues le tiene miedo a la oscuridad y está sola. Hasta las perlas de los collares son negras y, cuando chocan entre sí, hacen un sonido oscuro, un sonido oscuro de llanto, como de lágrimas negras.

Las sillas parecen murciélagos, los niños piedras, las lechugas de mármol de Carrara y las frutas de ónix.

Todo es negro, profundo y misterioso. Tan profundo, misterioso y negro que el cuento no tiene fin. Es un pozo sin principio y sin fondo, un pozo oscuro y todo es tan negro, que ni siquiera la boca abierta para decir la palabra “pozo” brilla un poco al hablar.

Las dos “o” que hay en la palabra pozo, una “o” después de la pe y otra “o” después de la zeta, lloran como ojos abiertos, húmedos y negros, tan húmedos y negros que brillan y resbalan hacia adentro como lágrimas mellizas de un sol ciego.

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